jueves, 6 de noviembre de 2014

¿Bach o Mozart?



Sirva esta impactante escena de "La Lista de Schindler" de Steven Spielberg para que nos hagamos preguntas con cuestiones musicales de fondo.
El título de la entrada, ¿Bach o Mozart?, nos propone un escenario íntimo en el que un soldado de las SS toca animosamente un piano mientras dos soldados, apostados en la puerta y disfrutando de un cigarrillo, discuten sobre la autoría de la pieza en cuestión. Si al ver la escena, nos ponemos a pensar si es de Bach o de Mozart, olvidándonos de la barbarie que en esos momentos se está cometiendo en las otras dependencias de la casa, es que realmente nos lo debemos hacer mirar.
¿Qué hace la música en este caso? ¿Dónde están sus unánimemente reconocidas bondades? ¿Hasta dónde puede llegar ese presunto efecto como factor determinante de una bondad que aquí no encontramos por ninguna parte?
Igual resulta que la música no significa nada o, al menos, nada que no sea la propia música. Puede que lo que me parece triste a otro le parezca alegre y viceversa. También puede ser que me parezca algo diferente escuchado hoy que dentro de dos meses.
Si la música nos hace buenos, ¿qué podemos decir de la matanza que se está intuyendo en esta escena de la película? ¿Qué sentido le damos al antisemitismo de Wagner si, por contra, es capaz de emocionarnos hasta el éxtasis con su Tristán e Isolda? Grandes compositores y grandes interpretes carecían de esa grandeza en otros ámbitos de la vida.

De entre las diferentes posturas filosóficas alrededor de la música, y ateniendo al contenido de la misma, destacaron dos corrientes contrapuestas. La contenidista y la formalista. Analizando siempre lo que se considera "música pura", es decir sin un programa que le acompañe o un texto u acción dramática en la que apoyarse, se postulan los defensores de un significado inequívoco en la música versus los que no tienen claro que pueda significar algo concreto o, incluso, carezca de dicho significado.
Los formalistas defienden el acto de la interpretación musical como el propio fenómeno musical. La escucha a través de los medios tecnológicos que tenemos a nuestro alcance no supone más que una recreación del hecho musical. Y como premisa fundamental, no encuentran un significado, o no un unánime significado, a aquello que escuchan. El estado de ánimo de los intérpretes puede condicionar el carácter de la pieza. Si se admite esta posibilidad, se admite que el significado de la obra, o no existe o no está tan claro para que pueda ser "manipulado" de una manera tan fácil.
Convendremos que la marcha fúnebre de la tercera sinfonía de Beethoven no es una música para tocar las palmas pero, ¿qué grado de tristeza, desolación, desilusión por lo que Napoleon resultó ser, es el adecuado? ¿Percibimos todos ese mismo grado?
Un nombre, Peter Kivy. Si andan sueltos con el inglés, incluida terminología musical, no duden en leerlo. En la red pueden encontrar interesantes publicaciones sobre todo lo que he esbozado.



Para acabar, un chascarrillo muy chusco, al menos para mi:
Acabo de conocer que en Valencia se ha constituido la Unió Musical Socialista. ¡Toma ya!
Simpatizantes de izquierdas y afiliados al PSPV han formado una banda de música que pretende realizar alrededor de 3 conciertos al año.
¿Sonarán mejor por ser de izquierdas? ¿El éxito de las grandes orquestas sinfónicas tiene que ver con que son todos de una misma ideología política? ¿Quiere esta formación mandar el mensaje de que una orquesta como la Divan (Judíos, Palestinos y algún español por tener sede en Sevilla) es un grave error? ¿La Orquesta Simón Bolivar es tan buena porque son todos chavistas o porque hay detrás un enorme respaldo a la educación musical que ha llamado la atención a todo el planeta? El director de esta banda, ¿dirige con técnica socialista o dirige más o menos como todos, es decir, con atribuciones totales sobre el resultado musical de la obra? ¿Toda la música tiene ideología, solo una parte o ninguna música?
Y que quede claro que me parecería de igual manera si la orquesta fuera de derechas o de centro o cualquiera de las ramificaciones políticas que queramos imaginar. Pero, es más, me parecen lo mismo que las orquestas de mujeres, de gays, o de cualquier colectivo unificado para tal efecto.
"El ser humano es extraordinario" decía un "loco" de Radio Colifata, emisora del hospital psiquiátrico Borda de Buenos Aires, Argentina. Tiene razón, la estupidez humana es extraordinaria, no conoce límite.