jueves, 1 de enero de 2015

Sobre el concierto de año nuevo 2015

Como todas los 1 de enero, fielmente desde hace 28 años, he visto y escuchado el tradicional Concierto de Año Nuevo desde Viena. La imponente centuria austriaca bajo la batuta, por quinta vez, de Zubin Metha.
No soy ningún nostálgico, ni tampoco pienso que cualquier tiempo pasado fue mejor, sea en música como en cualquier otro ámbito.
Lo cierto es que me ha dejado absolutamente frío el concierto de este recién comenzado 2015. Excepción hecha de las dos apariciones de Harnoncourt, la primera de Prêtre y la última de Barenboim, los conciertos de los últimos años han pasado para mí sin pena ni gloria.
Desde 1987, la Filarmónica decidió invitar a un director de prestigio internacional a dirigir, tanto el concierto de San Silvestre del día 31 de diciembre como el del 1 de enero, en la capital austriaca. Directores de prestigio, sí, pero solo los vinculados en esas fechas en mayor o menor medida a la orquesta, como directores de la Ópera o como invitados habituales en los conciertos sinfónicos. Así, muchos grandes Maestros, sensibles a este tipo de repertorio, quedaron alejados de brindarnos mañanas para el recuerdo. Imagino que el gran sello discográfico alemán también tendrá qué decir en todo esto. En definitiva, sorprenden tanto alguna presencia como muchas de las ausencias.
Mi primer concierto de año nuevo, con un cierto criterio musical, fue el de 1987, Herbert von Karajan al aparato, nada menos. Es inevitable pensar que, visto ese concierto, lo que venga después no pueda ser mejor. Y lo cierto es que los conciertos dirigidos por Lorin Maazel, Claudio Abbado y, por encima de todos bajo mi modesto punto de vista, los dos conciertos de Carlos Kleiber, pusieron en lo más alto en popularidad y excelencia musical al más famoso concierto en el mundo.
Welser-Möst, en su primer concierto, tal vez haya protagonizado el más insulso de los conciertos en estos casi 30 años. Sin embargo, en su segunda aparición, supo conectar un poco más con el estilo y el público allí congregado y los músicos supieron valorarlo.
Welser-Möst dirigió por ser, en esos años, director de la Ópera. Ya no lo es. En Cleveland trabaja mejor e incluso en su visita a la Musikverein con la orquesta americana (Bramhs 2 y 3) evidenció una dirección menos nerviosa y más controlada.
La decepción es mucho mayor cuando un director con una técnica tan portentosa como Mehta se limita a "estar". Una de las máximas de la dirección de orquesta es NO molestar. Pero no es lo mismo eso que pasar por ahí. Y Mehta pasó hoy por allí. La orquesta se va rejuveneciendo (todo una noticia) y junta el peso de la tradición con una frescura técnica envidiable. En ese aspecto, el concierto ha sido impecable. Pero el director hindú dirigió (sin partitura como en él es habitual) con un gesto intermedio, siendo los contrastes dinámicos poco acentuados, como si no controlase bien las obras que estaba dirigiendo. Es cierto que los ensayos para este concierto comenzaron la mañana del 28 de diciembre, poco tiempo pues, pero dado el nivel de orquesta y director cabría esperar algo más de riesgo en las interpretaciones.
El juego que da el compás de 3/4 con esa desigual marca " viena" fue muy desaprovechado. Ese "dejar hacer" llevo incluso a alguna imprecisión en entradas o anacrusas breves. El vals "aceleraciones" quedó en un puro eufemismo. Casi todo ejecutado al mismo ritmo.
Para el año que viene volveremos a ver a Maris Jansons, esperemos que su salud se lo permita, puesto que acaba de abandonar por ese motivo la Orquesta del Concertgebouw de Amsterdam. La categoría del Maestro letón está fuera de toda duda. Sin embargo, en sus dos anteriores presencias no pareció conectar con la esencia musical de los Strauss.
Para cerrar este post, felicitaros el año nuevo y despedirme con el mencionado "Vals de las aceleraciones" de Johann Strauss. Filarmónica de Viena y Carlos Kleiber en el concierto de año nuevo de 1989.


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