martes, 21 de octubre de 2014

RICHARD WAGNER: PARSIFAL

Burla y glorificación
Ningún otro drama musical de Wagner ha sido criticado con tanta vehemencia y desde posiciones tan opuestas como Parsifal. Nietzsche, que había admirado a Wagner por el carácter pesimista de la tetralogía El anillo del nibelungo, calificó de traición la "despedida del mundo" de Wagner. No podía perdonar al compositor que se hubiera inclinado ante la cruz por debilidad. Por el lado católico, la compañera sentimental de Franz Liszt, la duquesa Carolyne von Wittgenstein, protestó por una supuesta deshonra y burla del santo sacramento de la eucaristía. La larga historia de las interpretaciones del Parsifal conoce casos todavía más asombrosos: la comunidad del Grial como élite nazi y como hermandad de homosexuales; el "redentor redimido" como Cristo "alemán", hermafrodita, etc. Las diferentes épocas de la historia alemana muestran los dos polos opuestos interpretativos posibles: anuncio de la guerra y promesa de la paz.
Atributos del Grial
Según la tradición, la sangre de Cristo fue recogida en un recipiente durante la crucifixión. Este recipiente emite una luz roja que dispensa energía. Para Wagner, etimológicamente hablando, la palabra tenía que entenderse como sangue reale=santo Grial. El Grial como copa dadora de vida: un símbolo de la madre primigenia. Wagner llamó al Grial "una espiritualización del tesoro de los nibelungos". Según Wagner, la lanza es la antítesis complementaria del Grial: un símbolo de lo viril. El simbolismo del Grial se encuentra realmente en la liturgia protestante y luterana del siglo XIX. Correspondía a un coral conocido como "el amén de Dresde". Mendelsshonn también lo utilizó en el primer movimiento de su quinta sinfonía, conocida como "Reforma".
El motivo de la fe forma parte del entorno del Grial. La paloma que aquí se menciona simboliza, en el cristianismo, el Espíritu Santo. Apareció durante el bautismo de Jesús por Juan. En el misterio del Grial, la llegada de la paloma es un acontecimiento importante, como revela Lohengrin, el hijo de Parsifal, en la "narración del Grial": "Cada año baja una paloma del cielo para regenerar su fuerza milagrosa". La ópera comienza con el motivo de la eucaristía, sublime y melodioso.
Festival sagrado
En la vejez (después de 1872), a Wagner le hubiera gustado llamar "festivales sagrados" a todas sus obras compuestas desde Lohengrin. Este deseo solo se vio realizado en el caso de Parsifal. Esta denominación genérica remite a las escenas litúrgicas del Grial que se suceden en los actos I y III. Wagner murió seis meses después del estreno, con lo que se produjo una gran mitificación del autor entre sus admiradores. Por si fuera poco, Wagner reforzó el carácter excepcional de esta pieza escénica al conceder a Bayreuth la exclusiva de sus representaciones durante treinta años y prohibir los aplausos después de la representación como si de una ceremonia religiosa se tratase. Con todo, no pudo impedir "el robo del Grial", ya que en 1903 formó parte del repertorio del Metropolitan de Nueva York.
Según Wagner, en tiempos en los que la religión va desapareciendo como refugio y posibilidad del alma para expresarse, el arte puede adoptar su función. Una obra artística puede hacer creíble, mediante el uso de símbolos, lo que en la religión se considera un suceso o un proceso reales. Detrás de la acción del Parsifal aparecen tanto símbolos cristianos como budistas, y el pesimismo de Schopenhauer no ha perdido influencia. De la misma manera que ya lo había hecho en la tetralogía del Anillo, Wagner también creó en el Parsifal una mitología propia y un drama religioso sobre la civilización europea amenazada por la decadencia.

Preludio del acto I de Parsifal. Orquesta Filarmónica de Viena, director: Sir Georg Solti

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